sábado, 27 de febrero de 2010

Sabor agridulce


A punto de entrar en el día en que los andaluces celebramos el día de nuestra comunidad, aún percibo los sabores de nuestras luchas por la conquista de una Andalucía mejor.
Ciertamente viviamos otra realidad, veníamos de ningún sitio, o mejor dicho de un lugar para el olvido.
Era mi primer año en Granada, mi primer año en la universidad, mi primer año de manifestaciones y enfrentamientos con los grises, mi primer año de barricadas y carreras por la Gran Vía, la prmera vez que sentía de cerca el sabor de los botes de humo, las porras, las balas de goma. Fué mi primer año para descubrir de cerca como se las gastaba el régimen.
En un ambiente reivindicativo pero que tendría que haber sido de fiesta, nos llegó la noticia de la muerte de Caparrós. Continuaron varios días de duros enfrentamientos. Le tomabamos el pulso al sistema y sentíamos que algo importante estaba pasando.
En el ambiente había demasiadas esperanzas puestas, demasiadas necesidades por satisfacer.
El Pueblo entero estaba en la calle, la universidad estaba en pié de guerra y dispuesta a culminar lo que hacía tiempo se estaba fraguando.
La conquista de nuestra autonomía por la vía del artículo 151. Era el mismo camino que serviría para las comunidades autónomas de Cataluña, País Vasco y Galicía. Andalucía sacaba billete de primera clase.
Se conquistó la vía de la banda ancha para el desarrollo de nuestro Pueblo. Accedíamos al máximo nivel competencial que se podía tener para el autogobierno.
El pueblo depositó todas sus esperanzas en los gobernantes que tendrían que conducirnos a una sociedad más igual, más libre, más justa, más humana.
Han pasado treinta años y se han producido cambios muy importantes para los andaluces. En ese trayecto hemos asistido a nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea y eso también ha signidficado otro empujón.
Pero treinta años después, mi sensación de la realidad no es tan esperanzadora como entonces.
Hoy es igual de difícil acceder a la universidad, más difícil encontrar empleo, mucho más dificil comprarse una vivienda.
Por aquel entonces estaba casi todo por conquistar, teníamos tantas cosas por hacer que teníamos confianza en el futuro y nos comprometíamos con él. Los jóvenes estábamos dispuestos a comernos el mundo y sonfiábamos en la clase política que recogía el encargo de las urnas para transformar la sociedad.
Treinta años después, tengo la amarga sensación de que aquellos políticos nos han traicionado, han segado la esperanza de conquistar parcelas a los opresores, a los que les da igual el precio de la vivienda o la privatización de la enseñanza o la sanidad o que la edad de la jubilación se alargue lo que sea necesario para que ellos sigan manteniendo su papel de privilegiados.
Treinta años de gobiernos socialistas has acabado con lo más preciado y con lo último que se pierde, la esperanza.
El régimen andaluz nos sigue dando corridas de toros, más futbol, más reality show, más amarillismo, tienen más funcionarios adictos al régimen, más parados, más desarrollismo en el ladrillo, mas fracaso escolar, pero no entodo somos los que más tenemos, tambien tenemos menos camas hospitalarias por habitante que el resto del país, menos nivel de renta, menos ingresos de los agricultores, menos astilleros, menos industrias, menos empleo estable, menor indice de lectura... pero todos estos datos no son los importantes, lo trascendente es que tenemos unas cajas de ahorro potentes, un ave puntual, los alumnos de secundaria tienen ordenadores gratis, se experimenta con células madre y no hemos hecho la reforma agraria pero tenemos una agricultura reformada.
El día de Andalucía me hubiese gustado celebrarlo a lo grande, pero tengo una sensación agridulce que me impide hacerlo, quiero a mi tierra, pero no a sus gobernantes.

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