
En los últimos días hemos asistido atónitos al contínuo espectáculo al que nos tiene acostumbrados la Sra. Aguirre (presidenta de la Comunidad de Madrid por el partido popular). Digo lo de atónitos, porque a pesar de que sus salidas de tono son ya habituales, ésta, desde su posición, raya lo inimaginable.
Esta señora, nos invita a la rebelión contra la subida del IVA propuesta por el Gobierno (estos son otros que también se las traen, primero les quitan el impuesto sobre el patrimonio a los más ricos y después se justifican incrementando el IVA sin ninguna otra corrección en el IRPF a los que más tienen, con lo que la medida, que en sí es buena, no deja de ser un "paripé") pero eso cuanto menos es tirarse piedras a su tejado con la certeza de que se vendrá abajo. Es una irresponsabilidad total por su parte porque ella está gobernando y además podrían ser alternativa en los comicios generales.
Pero en cualquire caso, la acción de la primera dama de la comunidad madrileña, me ha ilustrado para pensar que nosotros, los de a pié, sí pordriamos iniciar una rebelión contra quienes nos tienen cogidos por donde más duele.
Es evidente que éste es un sistema totalmente financiarizado, donde los que dicen que leyes poner o quitar o los que condicionan por completo nuestro estilo de vida son sin lugar a dudas las entidades financieras.
Los bancos son la herramienta clave del capital, sin ellos el sistema casi se les vendría a bajo, porque después de despojarnos de la tierra y de las herramientas de producción, tenían que establecer un mecanismo para que siguiesemos endeudandonos y dependiendo de ellos.
Por tanto, son los bancos o el sistema financiero los que nos condicionan, los que nos obligan a trabajar para ellos, son el arco por el que tenemos que pasar para que vivamos en "su estado del bienestar".
A esa rebelión la sra Aguirre no es capaz de convocarnos, porque esa sí es su herramienta. Los impuestos son (o deberian ser) la caja de resistencia de los más débiles desde donde obtener recursos para la sanidad, la educación, las inversiones y las prestaciones sociales.
Alguien tendría que convocarnos a la rebelión contra la financiarización, alguien con capacidad de convocatoria y de convicción tendría que decir que ya está bien de pasarnos 40 años para pagar una vivienda, o un año para pagar una enciclopedia o un ordenador o cuatro años pagando un coche. Grandes empresas nos ofrecen la "gran ventaja" de pagar en tres meses las compras que hemos hecho. Las compras de un producto que tienen en stock, o al que lógicamente nos tienen que cobrar el interés para que nos sea cómodo.
Yo, desde mi ventana, reivindico una sociedad sin bancos, sin especuladores de nuestros recursos, sin vendedores de sueños vanos, sin bancos, sin banca.

