viernes, 29 de enero de 2010

un deseo cumplido

No era la primera vez que me ponía delante del ordenador con el firme propósito de tener un espacio abierto donde recoger mis sensaciones, mis pensamientos, mi necesidad de dejar constancia para el futuro, de cuáles habian sido mis experiencias desde cualquier ángulo, físicas o metafísicas, pero al fin y al cabo, las mias.
Hoy parece que va en serio, si ésto puede leerse, así habrá sido.
Quizá la chispa del día me la dió otro blog, u otra página, da igual, lo sustancial es que al fin provocó la decisión de escribir. Este ejercicio sano, fiel con uno mismo de escribirse, leerse y corregirse en aquellos vicios adquiridos o propios que nos delatan una vez escrito lo escrito.

Pero entrando en el meollo de la cuestión, esta vez ha sido algo con lo que racionalmente no estoy de acuerdo, pero que admito mi autotraición, me pueden mis visceras y entro al trapo. Acaba de encenderme un simple asunto de localismo vecinal, pero que le vamos a hacer, será "mi vertiente humana", esa de la que irremediablemente, nada ni nadie puede abstraerme.

Por principio me siento universalista, de puertas abiertas, de los que no andan con limites ni fronteras. Pero ésta es la traición, me ha podido una simple "no alusión".

Leía con sumo agrado, como nuestro concejal de deportes era elogiado por ceder unas instalaciones a un grupo de deportistas del pueblo de al lado. Me enorgullecía nuestra generosidad y el hecho de posibilitar que un grupo de niños puedan divertirse con su deporte favorito. Enhorabuena, me decía, éste es un sentimiento noble. Pero continúo leyendo y me doy cuenta, sin buscar mas explicaciones, que de mi pueblo sólo se dice que es el cedente de las instalaciones.

Ahí es donde aparece mi irracionalidad. Los niños han sido capaces de cosechar algun triunfo en alguna competición provincial, en vez de alegrarme,me siento mal, no por el triunfo en sí, cosa que sí me satisface,sino el hecho de que en la foto de los ganadores ya no es éste pueblo el que aparece, sino el de al lado. Y entonces busco, y no encuentro, busco en mis escasos recursos una explicación racional al olvido. Donde está y donde quedará el pueblo cedente?. La respuesta, también en milésimas de segundo, fué ... no tedriamos que ceder el suelo.

Ahora me alegro de ese chispazo absurdo, fruto de la irracionalidad que casi todos llevamos dentro, pero que gracias al mismo, hoy, ahora, estoy escribiendo.

Pido perdón a los niños, a los entrenadores, a los padres y a quienes por convencimiento dedican y se esfuerzan por romper barreras, limites y localismos que tantas y tantas veces nos llevan al enfrentamiento.